Brad Mehldau, el placer del Jazz

Adriana López • 26 de febrero de 2023

Teatros del Canal / Sala Roja. 21 de Febrero 2023.

Al entrar en la sala miro al escenario y encuentro un piano, un bajo y una batería. Un foco marca su presencia dejando oscuro todo a su alrededor. Se puede intuir que algo muy especial nos espera por escuchar. La sala se va llenando poco a poco, y entre los asistentes se reconocen caras de la música: algunos aparecen con un arco, otros dejaron sus baquetas en casa, encontrándose entre miradas y saludándose animadamente. También están aquellos que organizan festivales, los que escriben de conciertos y gran cantidad de fotógrafos que está vez se sentarán a sentir lo que sus cámaras suelen capturar.

El ambiente está expectante. Las luces de la sala comienzan a bajar su intensidad, dando comienzo a las primeras gotas de sonido.

Sabes cuando algo te va a gustar según empieza la música. Con la primera nota se descifra la esencia de lo que a continuación retratará el compositor. Y en este caso, acierto si digo, que sus notas narran el sonido perfecto, dando pie al disfrute, a la elegancia y al bienestar.

En el mundo del jazz hay que entrar con pies de plomo. Es un lugar desconocido, en pocas radios se escucha y nadie te entrena para ello. Es una música para atrevidos y soñadores. Hace años se encontraba en los lugares más recónditos de la cuidad, situados en los bajos de un bar, durante la semana, entre sombreros, humo, cervezas e instrumentos. Lleno de libertad, sin tapujos y con ganas de sonar. Esta música se describe con su propia palabra, resonante por su fuerza al decirla. Una palabra que te llena la boca.

Continuando con la intimidad del concierto, volvemos a formar parte de la oscuridad del silencioso público. Escribo por intuición, esperando a que las letras se coloquen formando palabras coherentes. Observo al pianista. Sus ojos se cerraron para sentir abiertamente lo que sus dedos nos están contando. Elige las teclas minuciosamente, con cuidado, dibujando armonías. Los minutos pasan y no nos hemos dado cuenta. El tiempo, en esta sala, vuela.

Al jazz le gusta jugar a la improvisación, al dejarse llevar, al hablar sin decir nada pero sonándolo todo. Si observas, verás a los músicos como se traspasan los sonidos, dejándose espacios en los que otro interactúa. El jazz es comunicación en su más amplio significado. Y este trío sabe bien lo que quiere decir.

El batería nos deja boquiabiertos con una recreación de sonidos a través de sus baquetas. El bajo no descansa, ofreciendo una elegante base a sus compañeros, y el piano suena con suntuosa armonía. La admiración se siente, se parpadea entre el público. Y, para terminar, nos deleitan con un bis de homenaje a The Beathles .

Las sombras del público se levantan aplaudiendo efusivamente. Entre reverencias de los músicos, agradeciendo la acogida tan sincera de esta noche, aparece una última invitada en el rostro de Brad Mehldau… una orgullosa y tímida sonrisa.

Por Adriana López Fernández Vivancos • 27 de septiembre de 2026
En este mundo todo suena y hace ruido. Sus luces son destellantes. Todo, cualquier cosa quiere llamar tu atención. Nada pasa desapercibido. Incluso las personas realzan sus voces para ser escuchadas. Porque su opinión importa. Todo cuesta. Todo tiene valor. Todo es importante. Nada se deja... pasar. En este mundo se anda rápido porque el tiempo vale oro y un minuto perdido puede perseguirte el resto de la vida. En este mundo no se lee más de 50 palabras, porque lo que no está escrito en formato tuit es una bazofia. Seguramente este texto lo sea. En este mundo las películas se ven en casa. Mientras cocinas, mientras cenas, mientras ves el móvil, mientras hablas. Porque vale más un multitasking que centrarse en una sola. El cine es para parados. Jubilados. En este mundo el silencio casi no existe. Es un secreto que muy pocos saben guardar. Todos lo convocan pero prefieren no mirarle a los ojos ya que el silencio es un abismo para el que pocos en este mundo están preparados. En el silencio se esconde la paz. Esa paz que tanto se ansía y que cuando la tienes delante no la quieres porque piensas que es aburrida ya que no tiene ni luces, ni ruido. Es solo ella. Sin nada más. Y qué decir de otorgarle un mísero minuto. Un minuto de silencio y a cuantos le hace resonar a una eternidad. Pues bien. A mí este silencio me da la vida. Y echo de menos el escuchar un sin sonido. El vino caer en forma de ola de Kanagawa en copa de cristal para después aposentarse, Una cena con olor a verano. Una luz cálida de atardecer tardío. La brisa acariciando la noche. Demos un respiro al mundo. Y cállate.
Por Adriana López Fernández Vivancos • 16 de agosto de 2026
El tímido sol del norte le acariciaba el rostro anaranjado por los días de playa. Yo dibujaba mentalmente su silueta mientras ella, apoyada en la cerca que miraba el mar, con un soplido de aire que parecía haberle dado fuerza, me miró con sus ojos de miel rompiendo el silencio con el golpe del mar contra el muro y me dijo, «No quiero irme a casa». Casa para ella significaba trabajo. Significaba ruido. Significaba sacrificio. Yo era su bálsamo de aire fresco. Otro idioma. Sexo. Era un sin tiempo. Un escondite donde se refugiaría en su día a día recordándome. Acariciándose. Quizás. Nos conocimos un año antes con esas mismas vistas al acantilado del norte. Ella apoyada sobre una valla dio un suspiro. Yo me acerqué y en otro idioma sin ánimo de que me entendiera le dije «Itsasoa bezain ederra zara». No creí que fuera a oirme pero me miró y sonrió. Segundos después aparecieron tras ella sus hijas. Su marido. Sus padres, haciendo ruido. Pisando fuerte. Yo me fui. Pero cómo es el destino que volví a encontrar a esos ojos de miel, solos, rodeados de un montón de gente Y no dudé en acercarme y comenzar lo que más tarde sería una historia de escondites en un pueblo donde el sol pocas veces deslumbra. Y hoy, siendo yo quien que acaricia su mejilla le contesto, "yo tampoco quiero irme a casa".
Por Adriana López • 11 de marzo de 2025
Siento enfado. Siento rabia. Siento, tristeza. Lágrimas. Llanto. Puño en la mesa. Mi esperanza se está desmoronando con cada gota de lluvia que cae sobre los tejados de Madrid. Es de noche. Mi maquillaje se borra y las lagrimas ahora son de color negro. Mi cara dibujada por la frustración de una mala noticia. Me quito el pintalabios con la manga del jersey y mi labios ya no hablan. No tengo palabras. Lloro. Camino por la calle rodeada de rostros que desconocen lo que está ocurriendo. 6:00 a.m. Ya no está aquí. Y a n o e s t a a q u i Se ha marchado. Esta vez a un lugar donde el avión no tiene retorno. Qué injusto. Siento rabia. Pena. Tristeza. A ella. Le gustaba leer su pronombre en libros ajenos. Le gustaba acudir con disimulo donde la fotografía se firma con nombre y apellidos. Le gustaba despiezar la madera inservible para crear pendientes de singular elegancia. Le gustaba elegir el pincel más preciso. Ella. Mujer de manos delicadas. Con coraje de artista. Se queda, en cada uno de los bailes de noche vieja. Se queda, en cada cerveza de la terraza del coam. Se queda, en cada lectura. En cada presentación. Se queda, en cada concierto de jazz. Se queda, en cada estudio con ventanas grandes. La oigo decir; necesitaba más luz. Si leo en voz alta mis mensajes, se escucha, te admiro. T e a d m i r a r é
Por Adriana López • 9 de abril de 2023
Hay una escena. Se compone de un árbol con flor de color rosa y cielo de color azul. Esta escena se podrá interpretar en mil escenarios, con directores distintos y público variado. Aplaudirían.
Por Adriana López • 2 de abril de 2023
Tan solo, imagina...
Por Adriana López • 26 de marzo de 2023
El tiempo , es caprichoso y siempre quiere hacer las cosas a su manera. No le gusta empezar la semana, los lunes, suele estar cansado y la pereza es participe de cada movimiento, haciendo que cada segundo cuente y los minutos sean eternos. Después de comer siempre se echa la siesta y se le olvida contar las horas. Le gustar ver tiritar, por lo que cuando hace frío, directamente, se paraliza. En los conciertos suele emocionarse y sus pulsaciones se aceleran a buen ritmo. También le ocurre cuando escucha risas, y los segundos y minutos no dejan casi ni rastro de haber pasado por allí.
Por Adriana López Fernández Vivancos • 20 de febrero de 2023
Las raíces son las que nos sostienen para que no caigamos. Mis raíces me recuerdan quien soy cuando estoy perdida. Entre el ruido de la vida encuentro en ellas el silencio y la calma. Cuando hace viento me sostienen y hacen que mis pasos sean firmes. No siempre fue así, hubo años en los que quise cortarme las raíces, como si pudiera andar sin pies. Como si pudiera volar sin alas.
Por Adriana López • 6 de febrero de 2023
... Abandono fue la última palabra, y desde ese día olfatea las calles buscando el olor a galleta... Este escrito va dirigido a intentar dar visibilidad a los que no pueden hablar por ellos mismos. Los animales. Nuestros fieles y leales compañeros. Seamos conscientes de que se merecen cuidado y respeto.
Por Adriana López • 30 de enero de 2023
La palabra incertidumbre proviene del latín incertitudine compuesto por las voces in- (un prefijo de negación), certus (“cierto”) y -tud (un sufijo usual de cualidad). “Cualidad de aquello que es incierto”.
Por Adriana López • 23 de enero de 2023
Hace tiempo que me siento como el sol de invierno. Voy despacio, tranquila, con cuidado, de no manchar, de no estropear, de no romper. Con cuidado de hacerme notar. Días, en los que se me aprecia un poco más. Días, en los que me dejo cubrir. Pero no caliento. Estoy tímida y tengo frío.